Hoy desperté con la idea de empezar una serie de reseñas especiales sobre los juegos que amo. Cuando digo clásicos, no estoy imponiendo que necesariamente sean juegos que ustedes van a disfrutar, más bien hago referencia a títulos que en mi vida han marcado hitos importantes y por eso los disfruto.

En últimas el objetivo de este blog no es otro que generar nuevas discusiones y debates alrededor de los videojuegos, todos fundamentados en el único propósito de hacer que esta industria crezca y se fortalezca mucho más todos los días. Por eso, quiero transferirles a todos los sentimientos que me han despertado estos grandes títulos a los que llamo clásicos. Y hoy empiezo con uno que está en el fondo de mi corazón: LA Noire.

Los Ángles, California, 1950.

El sombrero del detective Cole Phelps solo es uno más en la estación de policía. El teniente está dando indicaciones a las diferentes patrullas sobre lo que deben hacer, y envía a nuestro protagonista a investigar el asesinato de una mujer. Desde el minuto uno, nos sentimos inmersos en esa Estados Unidos: Machista, sensacionalista, todavía superando la segunda guerra mundial. En la radio suena swing y uno que otro cuarteto de voces. Las mujeres visten con vestidos largos, sombríos como si vivieran en Londres.

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Cuando llegamos a la escena del crímen entendemos de que se tratará el juego. El detective Phelps debe buscar por pistas en regadas en todo el lugar. Nos acercamos al cuerpo de la víctima, nos explican que era joven y que no hay rastros del asesino por ningún lado. Damos una vuelta por todo el callejón, encontramos una serie pistas, las anotamos y vamos a hablar con los testigos.

En ese momento el juego nos revela su segundo pilar de la jugabilidad: Al cuestionarlos debemos saber si nos están mintiendo o diciendo la verdad. También tenemos la opción de dudar. Así funciona: Phelps le pregunta algo al testigo, y con base en su respuesta el jugador decide si creerle, dudar o señalar que está minitiendo. Si se decide por la última opción, debe tener una prueba dentro de sus pistas que pueda demostrarlo. Si no le cree pero no tiene pruebas para demostrarlo, el jugador puede dudar.

Al final de cada interrogatorio el juego nos evalúa indicándonos si acertamos o no en nuestras reacciones a las respuestas. Si el jugador acierta a todas su reacciones durante todos los interrogatorios y encuentra todas las pistas de un caso, saca el mejor puntaje.

El juego se divide en casos, con el paso del tiempo vamos llegando a crímenes más dificiles de resolver. Al mismo tiempo, nos van contando la historia detrás de Cole Phelps el protagonista. Resulta ser un veterano de la segunda guerra que está esforzándose por recuperar la vida que tenía antes de la guerra. Sin embargo esa Los Ágeles de los 50 no resulta nada amigable y termina rechazando al protagonista.

La historia poco a poco nos va involucrando con Phelps y su historia se convierte en un drama psicológico. Como todos los detectives de la novela negra, estos personajes están llenos de contradicciones, porque así como atrapan criminales de día, de noche tienen una vida misteriosa.

Un aspecto en el que brilla la narracion de este juego, es que a los jugadores nos da solo la información necesaria para entender qué está pasando. No sabemos demasiado, tampoco sobemos poco. Lo suficiente. De esa manera el suspenso se mantiene hasta el final, donde uno conoce todo lo que paso con el detetive Phelps en la guerra.

Lo último que quiero mencionar, es el gran final. No lo voy a contar, pero cuando lo jueguen entenderán. Es poético. LA Noire nos enseña con sus castigos que hasta los héroes más grandes están siempre a un centímetro de convertirse en villanos y que entre más te acercas a ser grande más cerca estás de ser satanizado. El juego no se pregunta si eso es o no una justicia, sino que simplemente ocurre y nos deja a nosotros, los jugadores, la labor de sentirnos indignados, felices, conmovidos, o como querramos.

 

 

 

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