En el anterior post sobre Life is Strange y su escena tenaz, sobre una canción de Message to Bears que me rompe. Inmediatamente pienso en esas canciones que me recuerdan momentos específicos del arte, no solo de videojuegos, sino conciertos y películas también. El poder de la música es asombroso, tiene la capacidad de transformar espacios.

Hace mucho tiempo, en una entrevista con Nobuo Uematsu (autor de muchas de las bandas sonoras de Final Fantasy), el músico explicaba lo cercano que estaba en el proceso del desarrollo del juego. Incluso había escenas que eran modificadas para que coincidieran con la música, y creo que eso no es difícil de notar. El mejor ejemplo es la muerte de Aeris, en Final Fantasy VII:

Otro gran ejemplo viene de Metal Gear, el momento en el que Snake está subiendo la escalera y suena a capela Snake Eater:

Esos son solo dos ejemplos, de los que hay cantidades y aun así pocas veces decoramos el valor que le agrega una buena banda sonora a un juego. Grandes compositores, como Gustavo Santaolalla, han metido su arte en juegos como The Last of Us que sin ese blues sombrío jamas habría sido el mismo juego.

Bioshock Infinite combinó a Chopin con Madona en una sola escena de una masacre. The Legend of Zelda y Mario tienen las canciones más recordadas de la historia de los videojuegos fácilmente. Todo eso tiene el propósito de agregarle estéticamente a la escena.

Yo sé que hay portales de internet que premian a los juegos por sus grandes bandas sonoras y existen reconocimientos para los que lo hacen, pero mi punto es que ese es un elemento fundamental en una experiencia y pocas veces lo valoramos como jugadores al momento de entrar a un juego.

Mis bandas sonoras favoritas hasta hoy son:

  1. The Last of Us – Gustavo Santaolalla
  2. Nino Kuni The wrath of the White witch
  3. LA Noire
  4. Bioshock Infinite
  5. Final Fantasy VII
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